Cultura

Producción de teatro independiente: cada vez más cuesta arriba

Directores, actores y productores del under porteño coinciden en que los costos de sala, técnica y viáticos se han vuelto casi insostenibles. La escena under busca resistir con creatividad y redes de apoyo mutuo.

Publicado el 29 de julio de 2026, 14:10 hs

Buenos Aires - Teatro Colón

El panorama para la producción teatral independiente en Buenos Aires se ha endurecido notablemente en los últimos años. Según coinciden varios referentes del circuito under consultados por Página/12, los aumentos en alquileres de salas, costos técnicos y viáticos para el equipo convierten cada estreno en una verdadera hazaña.

En un artículo publicado hace dos días en ese medio, se recoge el testimonio de dramaturgos, directores y productores que llevan más de una década en el sector. Todos remarcan que, si bien la pasión y la necesidad de contar historias siguen intactas, la ecuación económica ya no cierra como antes.

"Es cada vez más complicado producir obras de teatro independiente", sintetiza uno de los entrevistados. Los números no mienten: el alquiler de una sala mediana en barrios como Almagro o Villa Crespo puede consumir gran parte de la recaudación de una función, dejando poco margen para pagar a técnicos, diseñadores de luces y sonido, o siquiera cubrir el transporte del equipo.

Esta situación no es nueva, pero se ha agravado tras la pandemia y con la inflación sostenida. Muchas compañías han optado por formatos más reducidos —unipersonales, obras para pocos actores— o por reciclar escenografías y vestuario de montajes anteriores. Otras han migrado a espacios no convencionales: patios, terrazas o centros culturales barriales con menor costo.

A pesar de las dificultades, la cartelera under sigue sorprendentemente viva. Salas históricas del circuito de Boedo, Almagro y Villa Crespo mantienen su programación con esfuerzo colectivo. Festivales como el FIBA o las muestras anuales de teatro independiente siguen siendo vitrinas clave para visibilizar el trabajo que se hace sin subsidios millonarios ni apoyo de grandes productores.

Desde la mirada de quien cubre estas salas hace más de doce años, lo que se valora es la capacidad de seguir creando en condiciones adversas. El teatro independiente argentino tiene una trayectoria de resiliencia que se remonta a décadas. Hoy, esa resiliencia se pone a prueba nuevamente.

Algunos grupos han implementado fórmulas de coproducción entre varias compañías para compartir gastos de sala y difusión. Otras apuestan a la preventa de entradas por sistema de abono o a campañas de financiamiento colectivo. Sin embargo, todas coinciden en que estas soluciones son parches frente a un problema estructural que requiere políticas públicas más consistentes de apoyo a las artes escénicas.

Mientras tanto, el público sigue respondiendo. Las salas chicas se llenan cuando la propuesta es sólida, y el boca en boca sigue siendo la mejor publicidad. El desafío pasa por sostener la llama el tiempo suficiente para que las nuevas generaciones de creadores puedan seguir encontrando un espacio donde experimentar y contar sus historias sin tener que emigrar a otros rubros para sobrevivir.

El artículo de Página/12 sirve como recordatorio oportuno: detrás de cada función de teatro independiente hay un esfuerzo silencioso y colectivo que merece ser visibilizado y, sobre todo, acompañado.

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