Condorito, MAD y el impacto de Hiroshima se encuentran en la apertura de ¡Esto Es Historieta!
La muestra que celebra el arte de la historieta argentina e internacional abrió sus puertas con piezas icónicas de Condorito, la revista MAD y referencias al bombardeo atómico, destacando el poder narrativo del cómic en vivo y en sala.
La apertura de la muestra ¡Esto Es Historieta! reunió en un mismo espacio tres universos que, a primera vista, parecen lejanos: la risa chilena de Condorito, el humor irreverente de la revista MAD y las sombras del bombardeo atómico de Hiroshima. La exposición, que celebra el arte secuencial en todas sus formas, se inauguró con una selección que pone en primer plano cómo la historieta ha sido capaz de registrar, satirizar y procesar los traumas y contradicciones del siglo XX.
Desde el principio, los curadores apostaron por un montaje que no jerarquiza entre lo comercial y lo underground, entre la historieta de entretenimiento y la que se acerca al testimonio gráfico. Así, junto a páginas originales de Condorito –ese personaje que lleva más de setenta años cayéndose de espaldas– se exhiben ejemplares de MAD de los años sesenta y setenta, con sus parodias feroces del american way of life. El contrapunto más potente lo brinda una serie de viñetas y dibujos que abordan, de manera directa o metafórica, el horror de Hiroshima. El contraste genera una experiencia de sala intensa: el visitante pasa de la carcajada al silencio en pocos metros.
El cruce no es casual. La historieta, como lenguaje escénico fijo en papel, comparte con el teatro y la danza la capacidad de condensar en una secuencia de imágenes y textos una emoción o una idea que, de otro modo, requeriría páginas enteras de prosa. En ¡Esto Es Historieta! esa potencia se hace evidente en la forma en que los curadores dispusieron las mesas de lectura y las vitrinas: invitan al público a detenerse, a leer en voz baja o en silencio colectivo, casi como si se tratara de una función sin actores pero con miles de espectadores imaginarios.
La muestra también pone en valor el rol de la historieta como termómetro social. Condorito, creado por René Ríos, se convirtió en espejo de las clases populares latinoamericanas; MAD, fundada por Harvey Kurtzman, fue la biblia del antiestablishment juvenil estadounidense; y las representaciones gráficas del desastre nuclear ayudaron a procesar un miedo global que, por décadas, no tuvo otro cauce masivo de expresión. Verlos juntos permite entender que el cómic nunca fue solo diversión infantil: fue, y sigue siendo, un arte adulto capaz de hablar de la bomba atómica con viñetas tan efectivas como un monólogo de stand-up o una coreografía de danza contemporánea.
La experiencia presencial resulta fundamental. Lejos de las pantallas, el papel, la tinta y el color original cobran una corporeidad que ninguna reproducción digital alcanza. Los visitantes pueden apreciar el trazo grueso de los dibujantes de MAD, las onomatopeyas exageradas de Condorito y la crudeza de los trazos que aluden al hongo atómico. Esa materialidad es parte del relato: la historieta también se “representa” en la sala, se pone en escena para quien se toma el tiempo de leerla allí.
¡Esto Es Historieta! se consolida así como una propuesta que trasciende la mera exhibición de piezas. Al juntar estos tres hitos –el ave torpe que nunca muere, la revista que se burlaba de todo y el recuerdo imborrable de Hiroshima– la curaduría logra algo raro en el circuito cultural porteño: generar una conversación entre objetos que, sin la mediación de la muestra, probablemente nunca hubieran dialogado. Y lo hace confiando en la inteligencia del público, sin explicaciones excesivas, dejando que las viñetas hablen por sí mismas.
Para quienes seguimos con atención las artes escénicas y visuales, esta exposición confirma que la historieta merece un lugar central en el debate cultural contemporáneo, al mismo nivel que una obra de teatro físico o un unipersonal de humor. Porque, al fin y al cabo, toda buena historieta es una pequeña función que se representa en la cabeza de cada lector, una y otra vez, sin necesidad de escenario ni luces.