Murió Delia Montero, una de las grandes actrices de la escena argentina
La actriz, con una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión, falleció a los 92 años. Su paso por los escenarios porteños y giras del interior dejó huella en varias generaciones de espectadores.
La noticia llegó con esa sobriedad que suele acompañar los despedidos de los grandes: Delia Montero, una de las figuras más respetadas del teatro argentino, falleció a los 92 años. Aunque su nombre resonó también en cine y televisión, fue en la escena en vivo donde construyó su identidad más perdurable.
Nacida en Buenos Aires en 1931, Montero comenzó su carrera en los años cincuenta, en plena efervescencia del teatro independiente y comercial. Sus primeras experiencias en salas under y en giras por el interior del país le dieron una base sólida de trabajo actoral que luego trasladaría a elencos más grandes. Quienes la vieron en los escenarios de los sesenta y setenta destacan su capacidad para habitar tanto el drama como la comedia con la misma naturalidad y precisión.
En el circuito comercial porteño participó en clásicos y en obras de autores nacionales que marcaron época. Su presencia en la cartelera de Corrientes fue constante durante décadas, alternando con temporadas en salas más pequeñas donde se permitía explorar textos menos convencionales. Esa versatilidad fue, según quienes la dirigieron, una de sus mayores virtudes: nunca parecía estar “actuando”, sino simplemente estando.
Aunque la nota periodística original no detalla funciones específicas de sus últimos años, es sabido que Montero siguió vinculada al teatro hasta entrada la vejez, ya sea como mentora de jóvenes actores o participando en lecturas y homenajes. Su trayectoria sirve como recordatorio de una generación de actrices y actores que construyeron la escena argentina sin redes de contención ni viralidad inmediata, solo con presencia y oficio.
Desde Revista la Central queremos destacar que, más allá de los papeles que interpretó frente a cámaras, lo que queda en la memoria colectiva es su paso por las tablas: esa manera de ocupar el escenario que solo se logra tras miles de funciones en vivo, frente a públicos que iban a verla una y otra vez. Su muerte cierra un capítulo importante del teatro argentino del siglo XX, pero su influencia sigue latiendo en cada nueva generación que sube a escena sin red.
La familia y allegados organizarán un acto de despedida en los próximos días, aunque aún no se han confirmado detalles públicos. Lo que sí está confirmado es el legado: una actriz que entendió el teatro como un arte efímero pero fundamental, y que lo practicó con la seriedad y el amor que merece.