Marilú Marini y Franco Torchia en el San Martín: identidades y afectos en clave futurista
La dupla actoral estrena en el Teatro San Martín una obra que imagina futuros posibles para explorar cómo se construyen los lazos humanos y las identidades en un mundo en transformación.
En el corazón del Teatro San Martín, Marilú Marini y Franco Torchia se suben al escenario para dar vida a una propuesta que desafía las convenciones temporales y emocionales. La obra, de atmósfera futurista, indaga en las formas en que las identidades se reconfiguran y los afectos se reinventan ante escenarios hipotéticos de nuestro porvenir.
Marini, con su trayectoria que atraviesa décadas de escena argentina y europea, aporta esa densidad interpretativa que solo se logra con años de oficio. Torchia, por su parte, representa esa generación que creció entre cruces disciplinares y trae frescura y precisión al dúo. Juntos construyen un vínculo escénico que sostiene la apuesta conceptual sin caer en lo ilustrativo.
Lo interesante de esta puesta es cómo toma el género de ciencia ficción no como mero decorado tecnológico, sino como herramienta para hablar de lo más humano: el miedo a la obsolescencia afectiva, la necesidad de ser reconocido y la dificultad de amar cuando todo cambia a velocidad exponencial. El texto evita el didactismo futurista y prefiere sugerir, dejar que el público complete los vacíos con sus propias inquietudes.
Desde la dirección se nota un trabajo minucioso en el uso del espacio, las luces y el sonido para crear esa sensación de “otro tiempo” sin necesidad de efectos visuales sobrecargados. El San Martín, con su tradición de riesgo artístico, vuelve a apostar por una dramaturgia que dialoga con el presente a través de la especulación temporal.
Para quienes siguen la cartelera under y comercial por igual, esta función representa uno de esos encuentros donde dos generaciones de actores se encuentran para contar algo que nos concierne a todos: cómo vamos a seguir queriéndonos cuando ya no sepamos ni quiénes somos. La obra continúa en cartel y promete ser de esas que se comentan después de salir de la sala, con esa mezcla de inquietud y emoción que solo el teatro en vivo sabe dejar.
En una temporada donde abundan las revisiones de clásicos y los unipersonales, ver a Marini y Torchia enfrentados a un material que exige tanto del cuerpo como de la cabeza es un verdadero regalo para el público porteño que todavía cree en el poder transformador de la escena.